
El Chupinazo representa el momento más esperado para los amantes de las fiestas de San Fermín. Este cohete marca oficialmente el inicio de nueve días de celebraciones que transforman Pamplona en epicentro de diversión, tradición y emoción.
Este 2025, miles de personas vestidas de blanco y rojo se reunirán nuevamente para presenciar este acto simbólico que ha trascendido fronteras.
Historia y significado del Chupinazo en las fiestas de San Fermín
El origen del Chupinazo se remonta a prácticas espontáneas y populares. Inicialmente, los pamploneses lanzaban cohetes de forma clandestina desde la Plaza del Castillo para anunciar el comienzo de las festividades en honor a su patrón. Esta costumbre, nacida del fervor popular, carecía de carácter oficial hasta entrado el siglo XX.
Fue en 1931 cuando esta tradición adquirió formalidad con Juan Etxepare, estanquero de la calle Mayor, quien se convirtió en el primer lanzador oficial del cohete. Su labor continuó hasta 1936, justo antes de que la Guerra Civil interrumpiera temporalmente esta práctica festiva. Tras el conflicto, el Ayuntamiento de Pamplona decidió en 1941 institucionalizar definitivamente el Chupinazo, trasladando su lanzamiento a la Casa Consistorial, donde Joaquín Ilundáin tuvo el honor de disparar el primer cohete oficial desde este emblemático edificio.
Las fiestas de San Fermín tienen raíces medievales y originalmente se celebraban en octubre. Con el tiempo, la festividad se trasladó a julio, consolidándose como una de las experiencias culturales más auténticas en España, atrayendo a visitantes de todo el mundo que buscan sumergirse en esta explosión de tradición, música y celebración colectiva.
Fecha, hora y localización del Chupinazo 2025
Como marca la tradición, el Chupinazo de San Fermín 2025 tendrá lugar el 6 de julio, puntualmente a las 12:00 del mediodía. El escenario de este momento culminante será, como siempre, la Plaza Consistorial de Pamplona, donde miles de personas vestidas de blanco con pañuelos y fajas rojas esperarán con ansiedad el disparo del cohete desde el balcón principal del Ayuntamiento.
El momento exacto viene precedido por los gritos entusiastas de «¡Viva San Fermín, Gora San Fermín!» que resuenan entre la multitud. Tras el estallido del cohete, la plaza se transforma en un mar rojo por el vino que corre libremente entre los asistentes, marcando el inicio oficial de nueve intensos días de celebración que concluirán el 14 de julio con el tradicional «Pobre de mí».
La retransmisión del evento podrá seguirse en directo a través de La 1 de RTVE y diversas plataformas digitales, permitiendo que aquellos que no puedan estar físicamente en Pamplona participen de este momento simbólico que une a personas de todas las nacionalidades bajo la pasión por esta centenaria festividad.
El proceso de selección y el ritual del lanzamiento
El protocolo actual del Chupinazo comprende una salva de 27 cohetes, representando a cada uno de los concejales del Ayuntamiento de Pamplona. La elección de quién tendrá el honor de lanzar el primer cohete suele realizarse mediante votación popular, aunque el consistorio puede establecer excepciones en circunstancias especiales.
Este acto, aparentemente sencillo, encierra un profundo simbolismo para los pamploneses y ha generado debates sobre sus implicaciones culturales, situándose entre las polémicas tradiciones españolas que dividen opiniones, especialmente por otros elementos de las fiestas como los encierros.
La persona elegida para el lanzamiento pronuncia las palabras rituales antes de prender la mecha del cohete: «Pamploneses, pamplonesas, ¡Viva San Fermín! ¡Gora San Fermín!». Este momento representa no solo el inicio de las fiestas sino también la continuidad de un patrimonio cultural inmaterial que ha superado cambios sociales, políticos y generacionales, manteniéndose como uno de los eventos festivos más reconocibles de España y un símbolo de identidad para Navarra.
La evolución del Chupinazo refleja cómo una práctica popular y espontánea puede transformarse en un ritual institucionalizado sin perder su esencia festiva y participativa, convirtiéndose en el símbolo perfecto para unas fiestas que combinan devoción religiosa, tradición cultural y celebración comunitaria.





