Alrededor de 200 personas han acudido hoy al homenaje a las víctimas de los atentados del 11 de marzo de 2004. El acto ha estado cargado de simbolismo. 21 alumnos del colegio San Pablo, nacidos en 2004, ha soltado al cielo 21 globos blancos en homenaje a los 21 vecinos de Coslada que perdieron la vida en los ataques.

Junto a los vecinos se encontraba Pilar Manjón, presidenta de la asociación 11-M Afectados del Terrorismo; el equipo de Gobierno al completo, representantes de partidos políticos locales y los jefes de la policía local y nacional. Todos han escuchado la pieza musical (op. 4 W.F Bach) interpretada por la flautista Laura Toledo y el violinista Andrés Martínez, profesores de la escuela local de música. Después, la periodista de Onda Cero Coslada, Marifé Martín, ha leído un emotivo manifiesto en recuerdo de todas las víctimas.

A continuación se ha guardado un minuto de silencio, solo roto por el aplauso de los presentes.

Doce años después el recuerdo sigue presente. Lo atestiguaban las lagrimas de muchos de los asistentes al acto. El alcalde Ángel Viveros recordó con sentida emoción a los jóvenes fallecidos y algunos cuyos padres conoce. «Estos chicos estaban llenos, rebosantes de vida. Le llena a uno la emoción recordando que hace 12 años que ya no están con nosotros», explicaba.

Pilar Manjón perdió a su hijo, Daniel Paz Manjón, en uno de los trenes. Tenía 20 años y era estudiante de Educación Física. Lo recuerda como el primer día. «Los 11 de marzo son días en los que no paras de pensar en ello. Desde que te vas a la cama el día anterior. Y durante todo el día recuerdas lo que estabas haciendo aquel 11 de marzo». Manjón rememora que a las doce del mediodía de aquel 11 de marzo estaba en el hospital Gregorio Marañón escuchando una larga lista de heridos en los que nunca aparecía el nombre de su hijo.

Aquel 11 de marzo de 2004 el Gobierno local estaba en manos de Raúl López. Lo recuerda como el día más triste de su mandato. Recibió la primera llamada a las 7 de la mañana. Después la confusión. «Todavía no sabíamos lo que había pasado». Se paralizó la línea de tren y se dispusieron autobuses para sustituirla. Luego llego la confirmación de la «dantesca» noticia. Dada las dimensiones de la tragedia, el Ayuntamiento dispuso una capilla ardiente en el pabellón del Olivo. López evoca el dolor y la impotencia de los familares de las víctimas aquella jornada, que lloraban porque éstas no respondían a sus llamadas.

El recuerdo de las víctimas continúa vivo en Coslada. Toda la ciudad se vio afectada por el atentado. Quien no conocía a un amigo conocía a un vecino, un familiar… En peores casos la víctima era más cercana. Así lo vivió Virginia Robles, de Somos, que perdió a varios vecinos y a la profesora de inglés de su hija. La llamaron a mediodía para comunicárselo. Desde la guardería les recomendaron guardar la normalidad ante los niños.

El portavoz de Ciudadanos Coslada, Bernardo González, se encontraba por aquel entonces en Palma de Mallorca. Rememora la «impotencia» de estar tan lejos de su ciudad el día de los atentados.

Para finlizar el acto se hizo una ofrenda florar en el monumento, seguida por los vecinos, que depositaron claveles blancos al pie de la escultura en recuerdo de las víctimas.

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