Noche de miedo

                                       por Raúl Chico

Otro año más, se acercaba aquella noche. La tarde se estaba oscureciendo y solamente quedaban unas horas para las doce. Los vecinos se reunían en corros, inquietos. Apenas cruzaban unas pocas palabras de saludo en voz baja, mientras miraban recelosos hacia los lados con la esperanza de que esta vez todo fuera diferente.

Pilar observaba desde la ventana de su destartalada vivienda cómo el pueblo se estaba llenando de velas encendidas en las puertas de las casas, iluminando el camino hasta el cementerio. Aunque ahora muchos la llamaran Halloween en vez de Noche de Víspera de Todos los Santos, para ella no había cambiado su significado. Seguía la misma rutina de siempre: cepillaba su larga cabellera morena y se esforzaba en quitar las arrugas de su antiguo vestido negro. Su rostro estaba completamente pálido y con grandes ojeras. Se sentía un poco aburrida de tener que repetir ese teatrillo una vez más, pero no podía escaquearse. Sus amigas no debían tardar en venir, dispuestas para asustar a la gente durante toda la noche.

Ahí estaban. Los gritos de los vecinos corriendo despavoridos por las calles anunciaban su llegada. Pilar sonrió mientras presenciaba esas imágenes de pánico. ¿Cómo iba a dejar que se divirtieran ellas solas? Atravesó flotando la puerta de su casa y se unió a la tarea de atemorizar por todo el pueblo. Al fin y al cabo, eran espíritus y es lo que les tocaba hacer.

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