Tres clientes

                                       por Raúl Chico

Otra noche más en el bar teniendo que servir a los mismos impresentables de siempre. Así se lamentaba el camarero del Estrella, que estaba harto de que nunca pasara nada interesante en aquel tugurio. Comenzaba a hacer frío y ya se había ocultado el sol cuando entraron al local tres hombres abrigados con enormes gabardinas y gorros que les cubrían la cabeza. El primero de ellos tenía la tez blanca y una barba que empezaba a ser canosa. Tras él iba otro con la piel un poco más morena y pelo y barba castaña. Completaba el grupo uno de raza negra, que parecía el más afectado por las bajas temperaturas.

Se sentaron en una mesa apartada y hablaban en voz baja. Mientras pedían copas y más copas de vino, el camarero pudo deducir por los retales de conversación que alcanzó a escuchar, que no se ponían de acuerdo en el rumbo a tomar. Al parecer se habían perdido por intentar seguir la ruta que les marcaba el GPS. Discutían y bromeaban sobre su mal sentido de la orientación mientras daban buena cuenta de las raciones de jamón y tortilla. Un sonido de campanillas les interrumpió. Era el teléfono móvil del de barba blanca.

Cuando terminó de hablar por teléfono salieron rápidamente del bar sin que al camarero le diera tiempo a decirles que se iban sin pagar. Se asomó a la calle y no había rastro de ellos. En la mesa dejaron unas extrañas monedas doradas, velas y hierbas aromáticas.

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