Cosechas

                                 por Raúl Chico

El cambio experimentado por Eusebio no pasaba desapercibido para sus vecinos. Siempre había sido una persona que detestaba el campo, el cultivo de las cosechas y todo el trabajo que conllevaba. Desde que llegó al pueblo en su desvencijada furgoneta siempre se mostró esquivo en el trato con el resto de habitantes. Se limitaba a comprar frutas, verduras y hortalizas que revendía en los mercados de la ciudad. No despreciaba a los campesinos o a la gente con la que comerciaba, pero consideraba que él era un hombre de ciudad y quería tener el mínimo contacto posible con la vida campestre.

En las últimas semanas su comportamiento había variado significativamente. Alquiló una casa para quedarse a dormir en el pueblo y pasaba largos ratos en las cosechas, incluso cuando ya anochecía. Los vecinos sospechaban que quizá estuviese cultivando marihuana o algo parecido. Decidieron mandar a Nicolás, el joven que mejor conocía el terreno, para seguirlo y descubrir qué hacía Eusebio realmente en sus escapadas.

Y allí iba tras él, procurando no ser descubierto en aquella calurosa tarde de Marzo. Caminaba sin hacer ruido y se escondía tras los árboles mientras Eusebio seguía paseando. De pronto, con el sol ya escondiéndose en medio del atardecer, apareció sobre el cielo una gran esfera de colores brillantes que se movía de manera errática. Descendía hacia tierra desprendiendo un potente zumbido.  Eusebio la observaba con tranquilidad desde el campo de trigo, como si la esperara. Parecía que esa era su rutina habitual cada día.

Nicolás salió corriendo asustado sin mirar atrás. Les diría a los vecinos que Eusebio simplemente se había vuelto un hombre de campo.

 

No hay comentarios

Dejar una respuesta

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.