Caminos de búfalos II – Diario de viaje

                              por Francisco Bejarano

Me pregunto en qué momento dejamos de utilizar las calles, en qué momento las convertimos en meros lugares de paso en el que todo objeto que estorbe tu caminar es eliminado de la acera. Que nada interrumpa tu trayecto de A a B. Nos hicieron caminar con prisa y mirando al suelo.

En Hanoi comprobé cómo la vida transcurre casi con totalidad de puertas para fuera: las plazas son un punto de encuentro donde los vecinos que se sientan y practican juegos de mesa, bádminton (con el pie si no hay raqueta) o simplemente fuman de sus bongs de bambú mientras observan la escena. Los niños desprenden una inocencia entrañable, como son los niños cuando se mantienen puros y alejados de los dudosos privilegios que tienen en la burbuja occidental. Se puede atisbar la llegada del mal llamado progreso viendo adolescentes absorbidos por sus teléfonos móviles, ese arma de doble filo que domina la sociedad moderna. La importancia de la mujer en este país ya quedó demostrada. Orgullosas y fuertes, de larga y negra melena, saben lo que es sacar adelante a su familia por sí solas, saben lo que es la lucha.

Durante una semana visitamos Cat va y Sapa, no pasamos el tiempo debido, pero en aquel momento el programa nos hacia ir un poco deprisa, Luna tenía poco tiempo y había que ver lo máximo posible. Cat Ba es una isla situada en un archipiélago con el mismo nombre en la bahía de Halong. Si bien es el típico paisaje de playa que te puedes encontrar en el sudeste asiático, no deja de ser impresionante ver esa aglomeración de montañas repletas de vegetación emergiendo del mar, formando un bello laberinto salvaje para el que lo navega.

Sapa era una cosa completamente distinta. Incrustado en las montañas del norte, cerca de la frontera con China, la vida en este pueblo transcurre entre una niebla constante que baña las calles y da a las verdes montañas ese aire de misterio que recubre todo Asia.

Hasta allí se desplazan diariamente las mujeres Hmong para ofrecer a los turistas rutas por la montaña hasta su aldea y, una vez allí, pasar la noche en sus casas con sus familias. Son gente fuerte, muy fuerte; capaces de pasar noches al raso en los bosques de las montañas en busca de los materiales necesarios para remodelar su hogar. Pese a su trágico pasado más reciente en el que este pueblo ha sido deliberadamente diezmado, la vida aquí transcurre en un ambiente de serenidad y alegría. Pasamos la noche en una de esas aldeas con la familia de Thu, donde nos explicó que allí apenas tenían que pagar impuestos.Viven a lo suyo sin molestar a nadie. Thu era una mujer de unos 30 años que nos acogió en su casa después de traernos por una bonita ruta a través de las verdes montañas y los arrozales, donde nos cruzamos con búfalos, cerdos y alguna serpiente.

Fue aquí durante la cena cuando probé por primera vez el licor de arroz que se destila por aquí,. Es una bebida que entra muy suavemente pero quema al llegar al estómago.Después de algunas rondas solo aguantábamos una amiga de Thu y yo. Nos emborrachamos y hablamos un buen rato con los pies en el borde de una hoguera. Es gente divertida a la que le encanta bromear y conversar, les sorprendía mucho que a mi edad fuera soltero y no tuviera hijos.Después de un buen rato entre tragos y bromas me fui a dormir, ya tuve bastante.Pronto tocaría volver a Hanoi, el vuelo de Luna salía en pocos días así que aprovecharíamos para pasarlos por allí.
Llegamos a Hanoi en autobús un viernes por la noche, había un ambiente festivo en el aire. Pagamos por tres camas en una habitación con 5 personas más en el hotel Olive.Tenían servicio de lavandería así que entregué toda la ropa sucia que había acumulado.Paseamos durante 3 días por sus vivas calles visitando lo típico, el mausoleo Ho Chi Minh, el palacio presidencial o el museo del ejército, pero también adentrándonos en sus callejones y sitios más profundos y apartados, sitios donde se puede conectar con la cara B que tienen todas las ciudades.

Despedimos a Luna en el aeropuerto, fue un viaje corto el suyo pero dijo que intentaría regresar con nosotros más adelante. Nosotros acordamos bajar hasta Mai Chau y después hacer una ruta por el noreste del país antes de continuar hacia Laos, a donde llegaríamos por navidad más o menos. Sin prisas, con calma.

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