E. M. Forster (1879-1970) ya era un escritor consagrado, con libros tan exitosos en su haber como Una habitación con vistas o Howard’s End, cuando entre 1913 y 1914 escribió su última novela, Maurice. Nunca llegó a verla publicada. Revisada después en otros dos momentos de su longeva vida, no apareció hasta después de su muerte, en 1971, a pesar de que él mismo dudaba de que mereciera la pena que viera la luz.

La razón de que el libro permaneciera inédito durante tanto tiempo es obvia: Maurice narra dos historias de amor entre dos hombres y, lo que es aún más reseñable (futuros lectores, deténganse aquí), una de ellas tenía final feliz en una época en que ese tipo de historias solían acabar casi siempre con la condena de los personajes en una hoguera a veces no por simbólica menos abrasadora. Este final da a la novela cierto aire folletinesco e inverosímil que le reprocharon al propio Forster algunos amigos cercanos al leer el manuscrito, pero era necesario, pues, al proponer ese desenlace esperanzado, Maurice venía a ser una utopía amorosa que se adelantaba a su época. De ahí que esté dedicada a “tiempos mejores”.

A tiempos como estos, en los que en muchos países la homosexualidad no está penada con la cárcel, como ocurría en la Gran Bretaña eduardiana (y como se ve claramente en la versión cinematográfica de Maurice, aunque no en el libro). A tiempos como estos, en los que se aprueba la ley trans en el congreso. A tiempos como estos, en los que las personas del mismo sexo pueden casarse en varios países occidentales y tienen derecho, por ejemplo, a acompañar a su cónyuge en trámites hospitalarios, cuestión nada baladí a partir de cierta edad.

No a tiempos como estos, en los que un país occidental perteneciente a la UE blinda cualquier referencia a la homosexualidad, escudándose en su legitimidad democrática, y la equipara con un delito tan atroz como la pederastia. No a tiempos como estos, en las que la homosexualidad aún está penada en muchos países, a pesar de que nos cueste visualizarlo desde nuestra lábil burbuja de bienestar europea. No a tiempos como estos, en que asesinan brutalmente a un chico de 24 años en plena calle después de llamarle maricón.

Pensemos, pues, también nosotros en tiempos mejores. Tiempos en los que nadie nos llame maricones o bolleras por ir de la mano de nuestras parejas o por abrazarnos en un banco de la calle. Tiempos en que un gesto tan banal y lleno de significado como que un hombre bese a otro hombre o que una mujer bese a otra mujer en público no sea visto como una provocación sino como lo que es: un gesto tan banal como lleno de significado. Un gesto de amor. Tiempos en que nadie mate a nadie al grito de maricón. Debemos pensar en ello, luchar por ello. Debemos aspirar a ello, pues solo así podremos seguir adelante. Aunque sea, quizás, una utopía.

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