Caminos de búfalos III – Diario de viaje

por Francisco Bejarano

Maldito el día en que empezamos a ser extraños en nuestra propia casa. La facilidad de abstracción que tenemos para no atender al desastre que estamos creando con nuestro estilo de vida es jodidamente admirable. ¡Bravo! ¡Buen trabajo! Gracias a esta abstracción millones de familias pueden seguir contaminando y produciendo residuos alegremente sin hacerse preguntas, sometidos a las prioridades de grupos empresariales y políticos descaradamente corruptos, desbordados por el alud de miedo que arrastra el ser humano desde los primeros tiempos y que sigue creciendo generación tras generación. Un alud imparable que escupe los conceptos que nos han condenado, los recoge por el camino y, una vez creemos evolucionar y haberlos resuelto, los vuelve a escupir adaptados al nuevo tiempo: ser, poder, justicia…

Existe una cómica dignidad en nuestra especie, un orgullo ciego que acabará por destruirnos si no asumimos que aquí somos un invitado más y que la posesión no es más que una mera ilusión: no somos dueños de planeta, nada de aquí nos pertenece.
Estas semanas me topé con gente de todo tipo, cada uno con su historia detrás, sin compartir necesariamente ningún denominador común. El viaje no es solamente dónde estás o lo que ves, sino la gente que conoces por el camino y la información que intercambias. Me hablaron de Irán y de cómo los locales paraban al turista, interesados en conversar con él, contentos de que exista gente que quiera conocerlos ignorando la ridícula y alejada imagen que se da de este pueblo en el exterior. Una californiana hija de inmigrantes mejicanos me habló de la búsqueda de identidad de las segundas generaciones de inmigrantes, nacidos y criados en Estados Unidos pero considerados como extranjeros, siempre con la sensación de que no encajan del todo en el puzzle. Un italiano con el corazón roto que viajó a India y acabó conviviendo con un Baba por más de un año. Conocí a más de una persona que después de un grave accidente decidió dejar su antigua vida atrás. Los veo en la vida como apostadores con ventaja que ya conocen el resultado. Agarraron el dinero de la indemnización y hasta luego. Veinteañeros voluntarios dedicando su vida a mejorar la de otros, preparando a las nuevas generaciones para el futuro que les aguarda con proyectos esperanzadores.

Luego están los guiris. Me da igual de dónde sean, no les une la nacionalidad sino la actitud: eternos postadolescentes sobreexcitados, ruidosos e irrespetuosos borrachos que corrompen las ciudades en las que se asientan, convirtiendo a la población local en siervos con el cebo del dinero, como sucede en muchas zonas de España. En el fondo me importa poco o nada esa gente, lo que me molesta es ver el enorme esfuerzo que tienen que hacer algunos para satisfacer los caprichos de estos parásitos. Me puedes decir que nadie obliga a la población local a amoldarse así a los turistas, pero no creo en la libertad de elección cuando hay dinero de por medio.

Poco importa la raza o la religión, nuestros errores son siempre los mismos y se manifiestan en todas partes en mayor o menor medida, aquí por ejemplo la tala de zonas de selva para hacer arrozales o para la construcción es preocupante, asi como la gestión de los residuos. Todos tenemos que aprender a convivir con nuestro entorno.Por suerte cada vez hay más personas apostando por otros estilos de vida siguiendo esas lineas, dejando con su ejemplo la semilla que un día germinará en las masas en el mejor de los casos. En el peor de los casos nos iremos todos al carajo tragados por la codicia de unos y la servidumbre de otros. En relativamente poco tiempo no quedará prueba de que alguna vez existimos. Somos una especie con una posición privilegiada para descubrir y crear cosas maravillosas, el poder del cambio está en nuestras manos pero para ello debemos hacer una profunda reflexión sobre nosotros mismos, nuestra sociedad y nuestro entorno, solo entonces podremos empezar a entendernos.

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