Caminos de búfalos I – Diario de viaje

                  por Francisco Bejarano

Me gustan los aeropuertos: caóticos microcosmos de gente de todo tipo yendo y viniendo, todos de paso, todos en una misión, completamente ajenos los unos a los otros. En el pasado tuve que visitar bastantes debido a mi trabajo. A veces, para matar tiempo, simplemente me sentaba y miraba a mi alrededor: grupos de mujeres árabes con sus hiyabs ojeando en la tienda de Victoria Secret de la zona internacional, mochileros alemanes volviendo de alguna aventura en un país lejano,una pareja de ancianos desorientados buscando su puerta de embarque, y extrañas gentes de países desconocidos, todos unidos en una macedonia de experiencias humanas.

Llegué a Hanoi a las 6:50 de la mañana, recogí la maleta y esperé a Luna, ella llegaría en dos horas desde Hong Kong. Hasta entonces cambié mi dinero y me hice con una tarjeta telefónica local por unos 10 euros. Sigo pensando que mi maleta es demasiado grande…

David es un amigo de toda la vida y un compañero de anteriores viajes.Un buen día, cansado de toda la farsa diaria en la que vivimos , dejó su trabajo, su casa y su gata y comenzó a viajar por Asia vendiendo los cuadros que hacía por el camino.Lo cierto es que solo he tardado 3 meses en tomar su ejemplo y, tras reunir el valor necesario, dejarlo todo en Madrid para embarcarme en este viaje. Atrás quedó ese trabajo que, según mis compañeros, me arrepentiría de dejar, atrás quedó Madrid. Nos encontramos con él en un hostal de Hanoi, dejamos las mochilas en la habitación compartida con otras 10 personas y nos dispusimos a tomar el primer contacto con la ciudad.

Hanoi es un caos de motos yendo de un lado para otro circulando sin ningún interés por las señalizaciones.La forman un entramado de calles estrechas, callejones profundos y desgastados edificios de corte colonial, con bonitos y amplios balcones llenos de plantas, pegados a bloques más recientes de estilo asiático y algunos rascacielos. Si es la primera vez que viajas fuera de Europa seguramente reces para cruzar la calle el menor numero de veces posible debido al caos de vehículos. Lo suyo es avanzar despacio y con decisión, las motos se encargarán de esquivarte. De golpe te ves envuelto en una especie de bella coreografía caótica y precisa al mismo tiempo.
Tras un día y medio viajando y el bofetón de jet lag, estaba cansado. Después de una corta toma de contacto me fui a dormir con la sensación que tienes antes de un cambio que ya es inevitable, una película nueva que comenzará nada más despertar.

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