Comprar una mascarilla en España cuesta más caro que en cualquier país de su entorno. La comparación más flagrante es con Portugal. Aquí al lado las mascarillas cuestan a razón de 20 unidades por 1,74 euros, con un IVA del 6%. En España pagamos 0,96 euros por cada mascarilla y gravadas con un 21% de IVA.

Ahora el Gobierno está buscando la manera de reducir el IVA de este producto obligatorio. Tarde, como en otros aspectos de la gestión de la pandemia, y azuzado por al clamor popular y el apoyo de los medios, que han puesto de manifiesto una vez más el lentismo crónico de unos gestores que esperan a que le lluevan los tomates para actuar. Por si acaso cuela. España es un país dócil.

Lo peor de esto, más allá de las repercusiones sanitarias (cuyos daños afectan a los que menos tienen señor Garzón, ministro de Consumo), es la calaña e influencia/poder sobre la administración que tienen aquellos empresarios dedicados a la fabricación de las molestas mascarillas. O mejor, la influencia/poder del sector empresarial en general, del grande, del que no se ve. Y por su puesto, la connivencia de las autoridades, que incluso desde la izquierda no son capaces de poner coto al abuso contra los españoles, a no ser que les lluevan los tomates. Por si acaso cuela.

Se añoran los tiempos en los que los ayuntamientos regalaban mascarillas a sus vecinos. Perplejos, los unos y los otros, por la inacción del Gobierno.

El pasotismo, la lentitud, el denso devenir de la actuación política en España contrasta con la velocidad del virus. Ya en septiembre diversos gobiernos europeos reducían el IVA impuesto a las mascarillas o directamente lo anulaban, como Italia.

Por otro lado, tampoco se entiende como a estas alturas de segunda ola los PCR, los test para determinan si hay o no contagio, no son ya un bien de uso común. Todo aquel y toda aquella que quiera saber si está contagiado o contagiada, qué se yo, por no contagiar a sus alumnos y alumnas, a sus hijos e hijas o a sus compañeros y compañeras, puede hacerlo dirigiéndose a alguna de las seis empresas que ofrecen este servicio en España, siempre y cuando cuente con prescripción médica. Más lentitud.

Actualmente existen pruebas que determinan en 15 minutos si una persona está o no contagiada a un precio de 4,5 euros por test. Cuánto cambiaría nuestras vidas si los polideportivos, los colegios, los institutos y universidades, los restaurantes y las bodas, y otros mil luagres y situaciones contasen ya con estos test. Pero España no dará un paso a la espera que lo den otros o, con un poco de suerte, hasta  que nos crezcan los tomates.

 

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