El peor de los escenarios ha llegado. La segunda ola de contagios promete ser igual de devastadora que la primera. Nada han aprendido las administraciones de la primera batalla contra el virus que la sociedad libró de marzo a julio. En aquella contienda los ciudadanos demostramos una implicación encomiable. También los gobiernos, que dentro de la excepcionalidad de la situación, bien con aciertos bien con errores, supieron paliar la maldita curva.

Lo que no se comprende es por qué se han cambiado los métodos de contención para la segunda ola. Si el Gobierno central decretaba el estado de alarma durante la primera propagación, para la segunda ha delegado toda responsabilidad a las comunidades autónomas. Se comprende por qué.

El abandono que han sufrido las comunidades autónomas por parte del Gobierno central es similar al sufrido por los ayuntamientos por parte de la Comunidad de Madrid. Díaz Ayuso ha dado palos de ciego en la gestión de la pandemia. Parapetada en la necesidad de salvaguardar la economía ha descuidado hasta el límite los mecanismos de protección de la salud. La cuestión no es sencilla, y pone a los dirigentes en una encrucijada en la que no hay solución positiva, a lo sumo, menos dolorosa.

Volvemos al desconcierto de la primera ola. En los distritos confinados, y a partir de este fin de semana las localidades de más de 100.000 habitantes, incluido Torrejón, solo es posiible salir para ir al trabajo o por causas bien justificadas, y con justificante, como la de cuidar de una persona dependiente o vistar a la compañía de seguros. Pero podemos seguir yendo al gimnasio o pasear por el parque, siempre y cuando no salgamos del area confinada.

Se desconoce cuál es la vía más común de propagación del virus y a qué personas está afectando con mayor virulencia. Quizá si supiéramos estos datos podríamos protegernos más, pero el desconcierto, los palos de ciego, están dejando a la sociedad en un estado de indefensión ante la pandemia. No se trata ya del colapso de la atención primaria, sino de elaborar guías reales y efectivas que ayuden a los ciudadanos, al menos, a protegerse a sí mismos.

Lo único que se sabe es que la mayor parte de los ingresados son mayores de 65 años con un perfil de hipertensión (50%) y diabetes (22%) y que el 56% son hombres. El índice de mortalidad intrahospitalaria es del 18%.

A simple vista, y ante la opacidad de la información aportada por la Comunidad de Madrid, resulta difícil determinar el origen principal de los contagios. Pero resulta evidente que es en las terrazas de los bares y cafeterías de los municipios donde el virús más campa a sus anchas. Allí nos libramos de la mascarilla con total ligereza. Mientras charlamos con los amigos o disfrutamos de unas raciones pensamos que el virus es inocuo, como si no pudiera penetrar en los dominios del ocio. Convendría, en este sentido, mantener la mascarilla en todo momento, y solo quitarla para darle un sorbo más a nuestra bebida.

La encrucijada salud-economía mantiene los bares y restaurantes abiertos, los puestos de trabajo, el transporte público, etc. pero bien valdría por la salud de todos establecer medias más restrictivas en cuanto al uso de mascarilla en estos locales.

Si alguna buena noticia deja esta segunda ola es que en el comienzo del curso apenas se han registrado contagios entre los niños y niñas, que se sepa, lo que ha propiciado que todavía no se haya confinado ninguna clase o se haya cerrado ningún colegio en el Corredor del Henares. Algo digno de mención están haciendo bien nuestros hijos.

Y mientras, los ayuntamientos continúan expectantes a las directrices de Díaz Ayuso, que no acaban de llegar después de quince días en los que la situación no ha hecho más que empeorar. Imposible conseguir cita con el médico de cabecera a menos que se espere dos horas de cola a la puerta del centro de salud hasta que nos reciba el personal sanitario en el descasillo. Ni un Berlanga en gracia hubiera imaginado tal esperpento tercermundista.

El abandono a los ayuntamientos es total. De nada les sirve reclamar por activa y por pasiva más personal sanitario. Las cartas que le mandan a Díaz Ayuso deben ir directas a la papelera. La tercera planta del Hospital del Henares está cerrada y en desuso, sus ucis al 90% de ocupación. 10 camas UCI tiene el Hospital del Henares para dar cobertura a Coslada, San Fernando, Mejorada, Loeches y Velilla.

Ante el abandono y la inacción de la Comunidad de Madrid, a los ayuntamientos solo les queda establecer, como ya hicieron en la primera ola, sus propias medidas de contención. Hace falta repartir de nuevo mascarillas, velar por que se cumpla el distanciamiento (también en las terrazas), baldear las calles con regularidad kantiana, intensificar la limpieza en los colegios y, por supuesto, seguir reclamando más personal sanitario, más salvavidas, para sus vecinos.

 

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