Este pasado mes de febrero hemos vivido en el Corredor una nueva celebración de los carnavales. El carnaval, como se sabe, es una de las fiestas más antiguas de cuantas celebramos. Se sospecha que tiene sus orígenes en la tradición de Roma y sus fastos en honor a Baco. Y que éstos, a su vez, podrían beber de tradiciones sumerias.

Por todo esto se dice que el Carnaval es una de las pocas celebraciones paganas de nuestro acervo cultural. Menos los carnavales, la Constitución y el 1º de mayo, qué curioso trío, el resto de nuestras celebraciones se refieren al muy extenso santoral católico.

Pero el carnaval es ante todo una gran fiesta popular. Muestra de ello dieron las asociaciones de Torrejón llevando la celebración a muy altas cotas. La implicación es total, y enorgullece ver cómo entre todos confeccionan sus propios disfraces o eligen la temática de cada año.

El carnaval de Torrejón es popular porque se aprecia el trabajo de todos los implicados. No se trata de un carnaval fastuoso al modo veneciano o canario. Sino de un carnaval donde la manofactura de los disfraces delata el compromiso y el trabajo de todas las asociaciones.

Cada ciudad celebra su carnaval con su propia idiosincrasia. Pero nada bueno puede hacerse si no se busca la implicación del tejido social y asociativo. Son las asociaciones y sus miles de asociados los que pueden, y deben, hacer, no ya grande, sino popular una celebración como los carnavales en cada localidad.

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