Disfraz

                                          por Raúl Chico

La primera vez que se puso aquella ropa fue en una fiesta de Carnaval. Estaba buscando en un bazar algún disfraz barato y con el que no se sintiera excesivamente ridículo, cuando lo vio. Era sencillo y le pareció bastante cómodo cuando se lo probó. Un sombrero marrón claro y una gabardina del mismo color conformaban el disfraz de detective, junto a una gran lupa y una pipa al estilo de Sherlock Holmes. Siempre había sido una persona discreta y a la que no le gustaba llamar la atención, así que ese traje era justo lo que buscaba.

Pero pasados los días de fiesta, se sorprendió a sí mismo llevando el disfraz a todas partes: a comprar al supermercado, al cine, o al banco en el que trabajaba como contable. Empezaba a sentir que esa ropa formaba parte de él, y comenzó a comportarse como un auténtico detective. Añadió a su equipamiento objetos como un bolígrafo, una libreta o unos prismáticos. Se sentía como Humphrey Bogart en aquellas películas de los años 40 en las que interpretaba al duro y sarcástico Philip Marlowe.

Comenzó a fumar y a beber whisky de manera compulsiva, mientras vigilaba si su vecina de arriba tenía algún amante, o si su vecino de abajo iba al gimnasio como tanto presumía, o realmente se marchaba al bar. Se dio cuenta de que aquello se le había ido de las manos cuando alquiló un despacho en el centro de la ciudad, en el que esperaba resolver los casos más complicados de aquella podrida ciudad. Quizás estaba yendo muy lejos, pero una vez se había metido en un personaje, pensaba hacerlo hasta el final. Aunque en algunas ocasiones se preguntaba qué habría pasado si hubiese elegido un disfraz de pirata. Tal vez el año que viene…

No hay comentarios

Dejar una respuesta